Cuidar al cuidador

Uno de los pilares fundamentales que influye directamente en el estado de bienestar de la persona humana es su capacidad de relacionarse con su entorno.

Multitud de estudios sociológicos han demostrado que la socialización de la persona, siempre respetando su individualismo y su libertad de decisión, es una fuente de beneficios que repercuten en el desarrollo de este. Para citar dos de importantes:

Se potencia la capacidad de aprendizaje

Está claro que el hecho de relacionarse comporta un intercambio de información, hecho que facilita la adquisición de herramientas para afrontarse a nuevas situaciones y poder disponer de un background útil para tomar a priori la mejor decisión. Además, la ventaja es que las redes sociales son cambiantes en el tiempo, característica que enriquece, todavía más, este aprendizaje.

La socialización es beneficiosa para la salud

En el sentido más amplio de la palabra: Mejora el estado emocional. Cuando las relaciones con otros individuos se producen en un plan no competitivo, tienen un efecto directo con la disminución del estrés y consecuentemente de las alteraciones derivadas del mismo.

Las redes sociales fundamentadas en las relaciones amigables, lúdicas y de recreo disminuyen el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y accidentes vasculares cerebrales.

Se trabajan las funciones cognitivas desde una óptica global. Cuando un grupo de personas se establecen un objetivo común de trabajo que implica un proceso de planificación, preparación, ejecución y evaluación, se estimula la memoria, la atención, las funciones ejecutivas, entre otras.

Por regla general estos efectos positivos, en condiciones normales, no son percibidos de forma objetiva puesto que están implícitos en el día a día.

Pero desgraciadamente, a pesar de haber mantenido una vida social normal, si por alguna razón determinada, la persona se ve inmersa en un proceso de soledad y de aislamiento social los efectos nocivos no tardan en hacerse evidentes.

Este es el caso de los cuidadores de personas con niveles altos de dependencia.

El cuidador paulatinament va aislándose de su entorno y consecuentemente este se aísla del cuidador, hasta un punto que se queda solo. En ocasiones se llega a producir una relación de simbiosis entre el cuidador y persona dependiente, difícil de romper.

Pero aún así este aislamiento social potencia la aparición de trastornos como la ansiedad y depresión, dolores musculares, alteraciones del sueño, pérdida de calidad de vida, roturas familiares, pérdidas económicas…

En numerosas ocasiones, estas situaciones están tan arraigadas, que se vuelven irreversibles y son muy difíciles de reconducir cuando el cuidador deja de hacer su función de cuidar ya sea por la muerte de la persona dependiente o por su ingreso en un centro.

Por estas razones es muy importante que las instituciones sanitarias que tenemos la responsabilidad de cuidar de las personas lo hagamos desde una óptica muy holística. Obviamente curando al enfermo pero también responsabilizándonos de su entorno más cercano “sus cuidadores”. Poniendo medidas para que estos puedan seguir perteneciendo a la sociedad de una forma activa y no caigan en las redes nocivas de la soledad.

Somos conscientes que encontrar la fórmula mágica es difícil pero entendemos que hoy en día hay muchos recursos al alcance para facilitar que esto sea posible.

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