¿De dónde proviene el dolor?

Desde el inicio de la humanidad el hombre ha querido combatir el dolor, ya sea con comportamientos instintivos, o hasta nuestros días con las más avanzadas técnicas terapéuticas.

Durante milenios el dolor ha estado imprimido de un carácter “Mágico-Místico-Superticioso…” siendo tratado por magos, brujas, sacerdotes, no sólo a través de sortilegios o invocaciones sino también por medio de hierbas, plantas, cortezas, raíces, excrementos de animales, e incluso por intervenciones quirúrgicas: Habiendo sido descubiertas trepanaciones de una perfección asombrosa en un periodo tan arcaico como el Mesolítico. Pero no es hasta el siglo VI antes de Cristo que los griegos presocráticos concibieron sus tratamientos en términos “racionales y naturales” incluyendo el ejercicio como parte integrante de los mismos. No obstante, es en el siglo XIX en donde las raíces científicas de los estudios sobre el dolor deben buscarse en los primeros descubrimientos de Fisiología.

En el Siglo XX nacen las neurociencias con una sucesión de extraordinarios descubrimientos; además nace la Algología -que es la Ciencia del Dolor- y la Asociación Internacional del Estudio del Dolor (IASP) en 1973. Es esta misma asociación la que ha establecido la definición del dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociado con daño tisular real o potencial, o descrito en términos de dicho daño. Otros autores (Melzack y Casey) lo definen como: “una experiencia tridimensional con una vertiente sensorial, afectiva y cognitiva”.

A través del estudio de la Fisiología del dolor comprendemos como este es modulado por las emociones; a una escala intelectual, cultural, de personalidad, experiencias previas del dolor así como el momento de la vida en la que se produce.

Por otra parte,  nos indica que el dolor se inicia en unos receptores –nociceptivos (dolor)- como la piel, las vísceras, los vasos sanguíneos, los músculos,… mediante estímulos mecánicos, químicos y térmicos, que a través de una sustancia algógena (que produce dolor) estimulan unas fibras nerviosas Ad y C (conducción rápida y lenta) que se transforma en una señal eléctrica para que pueda ser interpretada por el cerebro.

La respuesta al dolor que se produce en el cerebro, se realiza por las vías descendentes, que se inician en diversos núcleos del tronco cerebral así como otras vías procedentes del diencéfalo (cerebro medio) y del córtex que intentaran modular el dolor.

Por todo ello, las últimas recomendaciones hechas por los especialistas del dolor (en el último congreso de la Sociedad Española del Dolor) son: Tratar lo más precozmente posible el dolor de gran intensidad, o que se mantenga en el tiempo; pues sino se puede volver crónico (nos referimos a un tiempo mayor de tres meses), debido a que se activan circuitos memorísticos. En España el dolor es la primera causa de incapacidad con el coste que ello acarrea además de otras situaciones como depresión y ansiedad.

Por último, el dolor crónico es considerado en sí una enfermedad, y por la complejidad que conlleva el tratamiento, requiere un enfoque multidisciplinar (unidades de dolor, Fisioterapia, Psicología). Tampoco estaría de más tratamientos alternativos como: el yoga, la meditación…que nos pueden ayudar a mermar el dolor.

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