Tratamiento con ondas de choque

Las ondas de choque son ondas acústicas que se caracterizan por generar un aumento brusco de presión, en muy corto espacio de tiempo y una bajada igualmente brusca, llegando hasta presiones negativas, para finalmente volver a normalizarse (esto sería algo similar a aquel efecto que percibimos al explotarnos muy cerca un petardo, y la onda expansiva que genera).

Densidad de flujo energético

En los tejidos vivos, estas ondas de presión tienen un efecto directo, puesto que transportan una determinada cantidad de energía, que denominan densidad de flujo energético, y que depende tanto de la “potencia” del aparato emisor, como de la superficie sobre la que actúa.

Tipo de tejidos

Los diferentes tejidos del cuerpo humano, tienen diferente resistencia, o capacidad para absorber esta energía, debido a su diferente impedancia acústica. Y esto todavía pone más de manifiesto a las zonas de transición entre diferentes tejidos, y aún más todavía si hablamos de tejidos con contenido de aire o agua (intestino, pulmón). Evitando pues aquellos órganos o aquellas situaciones (proceso inflamatorio con gran componente de edema, embarazo …) en que hay una gran diferencia de impedancia acústica entre los tejidos, las ondas de choque son seguras.

¿Cómo actúan estas ondas en nuestro organismo?

Pues bien, con los años hemos pasado de una teoría puramente mecánica (las ondas de choque provocan pequeñas lesiones en el área que se aplican, para favorecer posteriormente la curación), que ha demostrado no ser totalmente exacta, a una teoría biológica, basada en la transformación de este estímulo mecánico en una auténtica respuesta biológica dentro de los tejidos (fenómeno de mencanotransducción), que propicia la activación a nivel del núcleo de la célula de factores de crecimiento., y de este modo favorece la regeneración del tejido que estamos tratando.

¿Dónde podemos usar las ondas de choque?

Parece claro, que, vistas las características de las ondas de choque donde más útiles nos resultarán serán en las zonas de transición entre dos tejidos, por lo tanto nos pueden resultar especialmente útiles en el tratamiento de aquellas tendinopatías más superficiales a la zona de inserción. Nos resultan especialmente útiles en aquellos procesos donde el tejido ha perdido sus características: tendinopatías degenerativas, tendinopatías cálcicas, precisamente por esta mayor absorción de la energía en estas zonas de transición.

Así pues, podemos decir que las ondas de choque nos resultan muy útiles en el tratamiento de las tendinopatías superficiales, en fase crónica, pero, dado que una de las características que las hacen tener “mala fama”, es que pueden provocar dolor durante su aplicación, por lo tanto no lo elegiremos como un tratamiento de primera elección, si no en aquellos casos en que no hemos obtenido respuesta óptima con otros.

En resumen podríamos decir que las ondas de choque son una excelente elección en aquellas lesiones tendinosas, cronificadas, con degeneración del tejido, o calcificadas, y que no han mejorado con otros tratamientos. En cualquier caso, se tiene que valorar individualmente cada patología.

Esta entrada también está disponible en: Catalán

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *